El Juvenil Leal había cumplido con su parte… sudando tinta china, pero había logrado llegar, dependiendo de sí mismo, al penúltimo partido de Liga contra el archirrival y colíder, el Covadonga, y que partía con mejor golaveraje general y un particular con la ventaja de un 2 a 1 en la ida.

Así pues, la Finalísima estaba servida. Y qué mejor escenario, qué mejor marco, qué mejor plató, que el incomparable y centenario campo de Les Caleyes, testigo de muchas gestas maliayas y que se aprestaba engalanado para una nueva epopeya, en este caso la de un Juvenil Leal que había salido del punto de partida, allá por finales de Agosto, con lo “puesto” y sin apenas pretemporada. Creció como familia, se graduó con honores y se convirtió en una verdadera Tribu irreductible. El mejor Equipo de la Competición ganado a pulso.

Se venía de (saber) sufrir de lo lindo en el “patatal” de Andés donde se habían conseguido 3 puntos de oro, casi sobre la bocina, que permitían seguir aspirando a todo después de obtener el meritorio y espléndido Ascenso a Liga Nacional en la Pixarra ante las Teresianas. De todas formas, estaba claro que, pasara lo que pasara en este partido, el trabajo estaba ya hecho, de forma sobresaliente, y que el objetivo alcanzado había excedido con creces las expectativas iniciales más optimistas con el susodicho formidable Ascenso.

Las bajas de Nelson, que finalmente no se pudo recuperar a tiempo de sus molestias, de un Santi “tumbado” literalmente por un inoportuno virus y de Matu, al que en el penúltimo entrenamiento de la semana se le iba la rodilla y al que le deseamos una pronta y óptima recuperación de su grave lesión, dejaban al equipo con lo “puesto” … pero ya acostumbrados a remar como vikingos en alta mar bajo peores tempestades, los Juveniles Leales se conjuraron para el desafío definitivo.

El día lucía perfecto, soleado, pero con un violento y racheado nordeste que se incorporaba como una nueva variante a tener muy en cuenta en el transcurrir del evento de los eventos, ya que condicionaba el juego aéreo y mucho. El campo, una auténtica moqueta, aguardaba reluciente y ufano con la calma que precede a la tempestad futbolística.

Al llegar, allí estaba Ginés, pendiente de todo, en un vestuario que ha sido testigo de mil y una batallas… aquí venía la enésima… pero no era una cualquiera, era una muy especial. Se respiraba fútbol… de solera, del bueno, del genuino. A los chavales se les veía disfrutando… en eso consistía, en gozar, jugar sin presión y tomarse el partido como un regalazo (gracias Pedrín, muy muy grande) … con un premio gordo en potencia si se hacían bien las cosas, acompañaba la cosa y se salía a jugar al fútbol con ilusión y como sólo ellos saben.

Casi 200 personas asistían a un partido con un poso añejo. Se “encendían los focos” y el escenario brillaba con fulgor cuando los 22 actores se dispusieron a desarrollar su función. Los Leales eligieron ir a favor del viento para que la “navegación” fuera más benigna en unos primeros compases en los que los del Cova empezaron a ver que no llegaba el balón por el aire a las cercanías de los predios de Fueyo, bien escoltado por los José y Aitor, que tenían a todo un miura en el pichichi de la categoría enfrente y a Dani y Luis en los flancos. Joshua, en la zona ancha, se hacía dueño y señor y barría balones de un lado a otro dando muy pocas opciones a los azules y descargaba el juego con maestría y rigor. Por delante, Iván y Noé se esforzaban generosamente dándose cuenta de la enormidad de Les Caleyes y se las veían y se las deseaban para dar salida de balón y contener las temibles acometidas de los chicos del Álvarez Rabanal. René empezaba a “abusar” por el flanco izquierdo llevándose a cuanto rival se le ponía por delante y, en la vanguardia, Darío y Kiku se fajaban con los fornidos centrales rivales.

Un Kiku que no pararía de correr y correr cual mosca “cojonera” para atosigar en todo momento la salida de balón y proporcionar siempre un pie amigo para desahogar la salida de balón en campo contrario.

Así con todo, la primera gran oportunidad fue para los azules en un córner en el que uno de los chavales, libre de marca, hacía un remate franco que se estrellaba violentamente en el poste izquierdo de la meta protegida por el gatu Fueyo, que luego empezaría con su recital de paradas, a cuál mejor y más relevante. Empezaron a apretar los del Cova, porque saben jugar y mucho, y se empezó a sufrir en la retaguardia, pero el buen hacer de Aitor y José, contundentes y bien posicionados en todo momento, así como un Fueyo providencial, mantuvo la portería a 0. Luego llegaban los fogonazos de René por la siniestra, que causaba pavor cada vez que arrancaba y se metía en el área rival. Tenía que ser por el flanco izquierdo por donde llegaría el gol. Luis, a pierna cambiada, puso un maravilloso centro con la derecha al punto de penalti que se fue cerrando con el viento, Darío estuvo a punto de tocar, pero su amago sirvió para que el “espigado” arquero oponente dudara lo justo para no poder llegar mientras el balón se envenenaba, tras el bote, y se alojaba, ajustado al palo largo, en el fondo de las mallas. ¡Júbilo! 1 a 0. Muy importante ponerse por delante en el marcador. Quedaron “groguis” los azulones y a punto estuvo René, tras una colosal cabalgada, dejando un reguero de rivales tirados por doquier, de poner la puntilla a un muy competido primer tiempo.

Hora de refrescar ideas, de recuperar el aire, que alguno pedía ya bombona de oxígeno, hacer pequeñas correcciones y modificar el planteamiento táctico con el resultado a favor y el viento en contra.

Salieron enchufados ambos equipos, los unos buscando el empate; los negrillos, sabedores de que el alirón dependía de ganar de 2 ó más goles y así, René habilitaría a Kiku, en situación dudosa, para que definiera con frialdad ajustado al poste como los delanteros de postín. ¡Alborozo! 2 a 0.

Tras la evidente desesperación en las filas aturquesadas, que no se podían creer el resultado, los azulados tocaron a rebato y, en una salida en falso de los maliayos, aprovecharían para internarse en el área de Fueyo y, aún encimados, soltar un derechazo que se coló como un obús en la escuadra opuesta sin que nada pudiera hacer el bueno del felino azabache más que aplaudir. Afectó el 2 a 1 a los negrillos y, casi sin respiro, un buen centro desde la diestra acabaría con un imponente remate que se estrellaría violentamente en el larguero de la meta Leal y botaría fuera, afortunadamente… momentos de zozobra… los del Cova se venían arriba por momentos pero, en una buena contra, Iván pone un magnífico balón raso desde la izquierda que, en primera instancia René no es capaz a atinar ante la salvada del portero azulón pero, en segundo esfuerzo, tras el rechace, sí pondría en la “jaula” para algarabía de la parroquia Lealina que veía como el campeonato volvía a estar en la mano… 3 a 1. ¡Algarabía!

El tanto hizo mucho daño a un Cova que ya jugaba, desde hacía unos minutos, con que, de lo malo, le valía perder de 1 con la esperanza de que el Juvenil Leal pinchara en la última jornada, pero no dejaron de intentarlo, incluso cuando se quedaron con 10 por doble amarilla a uno de sus jugadores. ¡Y Fueyo todavía tendría su momento de gloria cuando emprendió un vuelo sin motor, similar al de la semana anterior en Andés y, esta vez sí, consiguiera poner el cuero por encima del larguero… paradón!!!

Los negrillos, sabiendo que un gol rival les complicaba la “vida”, no dejaron de buscar, en fulgurantes contraataques (mientras Jony daba frescura de piernas al equipo reemplazando a un fundido Kiku), la guinda al pastel y así, un balón filtrado por René a Darío, que acabaría con este encarando al portero, ya en el tiempo extra, ligeramente escorado, pero finalizando clínicamente, como los maestros del balompié, con su zurda de terciopelo, rasa a la cepa del palo largo para que, entonces sí, toda la Tribu Leal, el Equipazo, se fusionara en el córner para celebrar un título histórico y una jornada inolvidable. Una piña colosal en la que participó todo el banquillo con los Lis, Adri, Chispu y Edward, que nunca dejaron de animar y creer en sus compañeros. Allí se sumaron también Pedrín y un servidor, exultantes. 4 a 1 como rúbrica. ¡Apoteosis!

Y al final se coreó el Campeones, oé, oé, oé, en un vestuario en el que se unieron todos como uno solo una vez más… un equipo único e indivisible desde los albores, añadiendo a los Nelson, Cris y Matu… sólo aquel dichoso virus evitó que Santi también estuviera presencialmente allí, si bien en espíritu participó de la merecidísima y extraordinaria celebración como otro más…

Con los últimos ecos Les Caleyes “apagó” las luces y la gala acabó… y dejó otro pedacito de la centenaria historia del humilde y orgulloso Club Deportivo Lealtad de Villaviciosa para el recuerdo, grabado en las retinas de todos los presentes, especialmente en las sonrisas imborrables de los esforzados y fatigados protagonistas de tamaña odisea.

¡Puxa Lealtad Juvenil!

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Luis Ángel Vazquez, entrenador del CD Lealtad Juvenil 2018/2019